m a m i h l a p i n a t a p a i

 – Psicología y cultura de la Gamia. Lenguaje del vinculo   –

 

En el poso de tu voluntad sigue quedando de ese poquito que delata el vaivén de nuestro metrónomo cultural. Ese que nos dice simplemente cómo tenemos que vivir nuestra vida, y que convierte cada estímulo en voz y señal que nos indican por donde hemos de ir, en donde parar y sobretodo, como hacerlo. De nada sirve que alcances tu felicidad, si no lo has hecho de la forma en que deberías de haberlo hecho. No te preocupes si no llevas encima tu libro de instrucciones; tu familia, amigos, el colegio, universidad, tu lugar de trabajo, mass-media…y si eres buen chic@ con la lección aprendida, hasta tu mis@, pondrán delante de tu nariz esa zanahoria que te estremecerá. Algunos antropólogos lingüistas creen que la religión o la cultura son un virus del lenguaje. De esos por lo que muchos pagarían todo lo que tienen, de los que reescriben ciertas vías en el cerebro y adormecen el pensamiento crítico.

Que seamos seres programables no debería ser ningún drama pero que del mismo modo seamos re-programables sí, mas con una sonrisa por favor :). Poder elegir de nuevo de qué manera queremos vivir nuestra vida o alcanzar nuestra felicidad hará que una gran mayoría decida volver a elegir la opción que en su día otros tomaron por nosotros. Es el peaje por nuestro lugar en el mundo y la condena de conocer un mundo sin peaje.

Es posible que para entender las elecciones que tomas en la vida hayas de conocer el resto de opciones. Muchas de ellas ya las conocías aun sin haberlas pronunciado antes pero tu yo etnocéntrico se encargó de que siguieran ahí, en el otro lado, tan lejos que no será necesario, por esa vez, defenderte de nada. El etnocentrismo como prejuicio. Nos viene a decir que valoramos más nuestras propias costumbres que las de los demás. Su extensión lógica reside en que entendemos y evaluamos otra cultura acorde con los parámetros de nuestra propia cultura. Es decir, encontramos mucho más válida de forma intrínseca nuestra manera de responder al mundo. Es algo así como una sobrevaloración de lo propio en relación a lo de los demás. Personalmente, es la distancia que existe entre nosotros y aquello que no entendemos porque no conocemos.

Amar sin factura, sin impuesto, sin marcas en la piel…

Si nos ponemos serios podemos decir que la monogamia es un modelo de relación afectivo-sexual basado en un ideal de exclusividad sexual entre dos personas y para toda la vida. Y ya puestos muy serios, afirmaríamos que la cultura monógama predominante hoy día en nuestra sociedad, es aquella cultura donde existe un ideal hegemónico de relaciones afectivo-sexuales monógamas. Desafiarlo nos acerca a entender que para algunas personas puede haber un camino más «adecuado» y posiblemente algo más adaptativo. La monogamia está por encima de todos sus argumentos porque más allá de la racionalidad con que muchos la expresan están nuestros sentimientos y emociones, los mismos conformados por el entorno cultural en el que hemos crecido, esos que siempre tendrán la última palabra.  La misma fuerza con que nos reivindicamos es la misma que más nos vulnera. Aun siendo conscientes de todas las ventajas que se obtendrían estableciendo relaciones no-monógamas, detener esa inercia emocional supone romper con una parte de nuestro autoconcepto e identidad.

No existe el determinismo emocional, no compres lo contrario. Incluso cuando tus emociones y sentimientos cuelgan de los hilos de la cultura donde vives, recuerda: tienes la capacidad de educar y crecer emocionalmente, cultivar sentimientos positivos, trabajar los negativos y reflejar todo ello en tus relaciones personales.

Abrir relaciones fuera de la monogamia supone ir más allá de aquello que conforma lo que somos. Somos lo que nos hace felices y lo que nos destruye. Después, está la estupidez con la que nos sentimos por encima de todo eso. Nos engañamos y llegamos a entender las experiencias de inseguridad, de rechazo y de pérdida como un discurso que en ocasiones nos persuaden de cómo un pacto de exclusividad emocional y sexual es un ingrediente necesario pero no suficiente en nuestro ecuación particular.

A nivel evolutivo y neuronal los «celos» tienen un sentido, pero para dar respuesta a el «cuándo» y el «por qué» sentimos celos, hay una interesante y fuerte relación con la cultura en la que vivimos. Ahora intenta desmenuzarlos…¿qué nos queda?. Sencillo, todo un conjunto de emociones de inseguridad, tristeza, aflicción y rabia que vomitamos cuando percibimos una situación de amenaza, injusticia o traición y ante la posibilidad real o imaginaria de que alguien «coja» algo que es nuestro. En una cultura monógama esa «amenaza» suele estar presente de alguna manera y en diferentes intensidades según la persona, pues para muchos, el sentimiento de «exclusividad» y «posesividad» se encuentran implícito de forma consciente o inconsciente. «Tengo novio», «Mi mujer»,etc.

Todos los posibles efectos negativos consecuencia de la cultura monógama son tratados en nuestra sociedad como problemas personales, donde en ocasiones se alegar a la falta de madurez emocional, o bien que no se ha encontrado aun a la persona idónea para alcanzar esa estabilidad en la relación de pareja. Observa la brutal oferta de libros de autoayuda o incluso terapeutas que ofrecen soluciones a los problemas que sufrimos en las relaciones afectivo-sexuales. Curiosamente, no suelen cuestionar la base sobre la que se sustentan: nuestra cultura. Así que nos ofrecen fórmulas para adaptarnos mejor: verborrea, placebo y prozac para irritados.

¿Por qué seguir limitando nuestro afecto, nuestro apoyo y nuestro sexo a una sola persona? 

Para aquellos inmersos en la «monogamia en serie», hay una cultura donde las relaciones no se poseen sino que se comparten. Donde no se puede «robar» ni «quitar» nada. Así que todas las posibles amenazas, injusticias y traiciones disminuyen hasta la más mínima expresión. Quizás el mayor inconveniente a la hora de superar la cultura monógama es la incapacidad de imaginar modelos de relaciones afectivas y sexuales alternativos a la monogamia. Algo que tiene cierto sentido si tenemos en cuenta que llevamos toda la vida «consumiendo» y viendo cómo se «consumen» productos culturales en pos de una exclusividad afectivo-sexual.

Ver la monogamia como opción y no como un problema hace que replanteemos nuestro modelo de relaciones de una forma mucho más constructiva. Entender que la dificultad viene por la imposición a través de nuestra cultura y nuestros referentes, por el prejuicio in situ y por el miedo a lo desconocido. Y como la monogamia se encuentra en un plano de alternativas tan válidas y aceptables como el resto. Dentro de ese mismo plano se encuentran las relaciones abiertas o el «poliamor».

Una buena manera de entender qué son y cómo funcionan las relaciones abiertas es fijándote en cómo funcionan las de amistad. Las relaciones de amistad suelen ser relaciones libres y saludables ya que probablemente son las menos pautadas y reguladas así que nos ofrecen un buen modelo del cual aprender y aplicar a las relaciones afectivo-sexuales. Si las comparas con las relaciones de pareja, con los amigos solemos tener algo más de flexibilidad en cuanto a las expectativas que más tarde nos puedan decepcionar. Entendemos que podemos tener más de un amigo y que esto no afecta a la calidad de la relación: cada amigo nos aporta cosas diferentes, cada relación es única y todas son compatibles. Ahora bien, imagina que solo tuvieras un único amigo: entonces posiblemente se reproducirían buena parte de las grandes dependencias que algunas personas experimentan en sus relaciones de pareja, especialmente cuando las pierden.

Estoy seguro de que valoras enormemente aquellos momentos que compartes íntimamente con otro amigo, en los que puedes sincerarte y ser tú mismo con gran facilidad. Curiosamente, no por ello menosprecias o son menos importantes para ti las relaciones de amistad que puedes vivir en grupo. Salir de fiesta o viajar con amigos son experiencias donde se genera una gran riqueza relacional e irrepetible entre varias personas; son experiencias totalmente diferentes. ¿No elegirías entre ellas, verdad?. Ok, ahora replantéate la posibilidad de que pudieras estar haciendo esto en tus relaciones afectivo-sexuales. Piensa en toda la riqueza afectiva y sexual que se podría generar colectivamente, se abre todo un nuevo horizonte de posibilidades. Colectivizar nuestros afectos y nuestra sexualidad puede facilitar un estado de abundancia posiblemente incompatible con emociones como el miedo o los celos.

El poliamor consiste en «amar a varias personas a la vez de forma consensuada, consciente y ética». Percibiendo el amor como algo que no tiene que estar restringido.  Aquellos que lo profesan alegan que si amas a una persona deseas lo mejor para ella, y eso incluye poder ampliar su vida sentimental. De esta manera, una relación poliamor es una forma de compromiso entre una pareja que decide, ya sea juntos o por separado, tener más de dos personas en la relación, ya sea con fines sexuales o de compañía.

Hace unos años, Terri Conley, profesora de la Universidad de Michigan, llevó a cabo una investigación en la que trataba de determinar si la monogamia era la mejor forma de relacionarse. Partieron de que la gran mayoría de las teorías que a día de hoy se construyen sobre el amor y la intimidad siguen estando impregnadas de la premisa que afirma que la monogamia es superior a los demás tipos de arreglos relacionales. Ello implica que cuando pensamos en «monogamia», no solemos replantearnos si es más o menos correcta o adecuada para nosotros y nuestras circunstancias, simplemente lo vemos como la única forma viable.

Tras su estudio, en el que entrevistaron a 2.000 personas, de las cuales 617 eran no monógamas, y habiendo evaluado factores como los celos, la pasión, la confianza y la satisfacción general, encontraron que «las relaciones poliamorosas funcionaban tan bien como las monógamas».

León Tolstói escribía en su obra «Guerra y Paz» que  «…si bien es cierto que hay tantas mentes como cabezas, entonces hay tantas clases de amor como corazones”.

…algo por dónde empezar, porque es posible que el amor no sea algo que se encuentra, solo y simplemente se construye.

Sapere aude

Conley, T. D., Ziegler, A., Moors, A. C., Matsick, J. L., & Valentine, B. (2013). A Critical Examination of Popular Assumptions About the Benefits and Outcomes of Monogamous Relationships. Personality and Social Psychology Review, 17(2), 124-141. DOI: 10.1177/1088868312467087

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