s a p i o f i l i a

– Lo que tu mente te dice de la belleza –

 

No podemos verlo pero está ahí. Entre tu y todos los demás. Un juicio tan diligente e inexorable que si prestaras la atención suficiente quizás podrías intuir en qué momento entró y salió de ti. Es uno de esos trocitos que aún nos quedan de nuestra herencia más primitiva, cuando el no tomar la mejor decisión en el menor tiempo posible te situaba al otro lado de esa delgada línea que es la supervivencia.

La rapidez a la hora de formarnos un juicio de valor sobre la persona que tenemos delante se estima en unos 7 segundos aproximadamente. Es el tiempo que tenemos para persuadir la única oportunidad que se nos presentará para lograr que las circunstancias caigan a nuestro favor, aunque solo sea un poquito.

La apariencia física de cualquier persona es una característica relevante en cualquier proceso de interacción social. Nuestra psicología del sentido común suele invitarnos a aceptar, de forma equívoca, que existe una relación incondicional entre la apariencia física y el carácter y la personalidad.  Las personas físicamente atractivas, ¿tienen rasgos de personalidad más deseables? ¿Tienden a llevar una vida mejor? ¿Son mejores amigos o parejas? ¿Tienen mayor estatus social?

El siguiente estudio se llevó a cabo para determinar si las personas físicamente atractivas, ya sean hombres o mujeres, se les asigna rasgos de personalidad más deseables, mayor éxito social, más felicidad y más competencia en sus relaciones con los demás que las personas menos atractivas. Por otro lado, los autores de la investigación tuvieron en cuenta si la envidia influye en nuestros juicios a los demás.

Participaron 60 estudiantes de psicología (30 hombres y 30 mujeres). Cada participante recibió 3 sobres que contenía la foto de una persona de edad similar al participante de la investigación. La persona de la foto de cada sobre tenía un nivel de atractivo diferente («muy atractivo», «atractivo medio» y «poco atractivo»).


La evaluación del atractivo físico de las fotografías se obtuvo en un estudio previo que se llevó a cabo también con estudiantes. En este caso  la mitad de los participantes recibía tres fotos de mujeres y la otra mitad las recibía de hombres. Tras ver la foto de cada sobre, cada participante tuvo que explicar que rasgos de personalidad les atribuían y en qué grado en una escala de 6 puntos. Tras la puntuación de una selección de los rasgos de personalidad que fueron atribuyendo, se generó un índice de deseabilidad social. (Éste término se utiliza normalmente en investigaciones científicas para hacer referencia a la creencia de que los encuestados responderán en base a lo socialmente esperado o aceptado). Por otro lado se obtuvieron otros índices: Nivel de felicidad que alcanzaría cada persona en el área marital (a), parental (b), social (c), profesional (d) y general (sumando a,b y c) y nivel de éxito ocupacional (a partir de 30 ejemplos de ocupaciones con tres niveles: alto, medio y bajo).


El experimentador presentaba el estudio a los participantes como un mero experimento sobre el grado de precisión que tenemos las personas, y para ello compararían la precisión en la percepción de personas entrenadas en técnicas de percepción interpersonal con personas no entrenadas. Les aclararon que la «precisión» en este tipo de percepción es un capacidad que cambiaba en la población. Seguidamente se les informó  que iban a utilizar fotografías para llevar a cabo las deducciones sobre personalidad y que todas las personas de las fotos eran estudiantes de otras universidades que a su vez se encontraban participando en otro estudio.

Los resultados reforzaron la idea de que existen estereotipos sobre el atractivo físico. Las personas tendemos  a percibir a quienes son físicamente atractivos como personas con una personalidad socialmente más deseable, con una vida social y profesional de mayor éxito y mucho más felices. La importancia que damos a la apariencia de los demás facilita que presupongamos la existencia de según qué cualidades, que son sin duda, fundamentales para nuestras relaciones sociales.

 

Sapere aude

Dion, K., Berscheid, E. y Walster, E. (1972): What is beautiful is good. Journal of Personality and Social psychology, 24, 285 – 290.

– se publicó primero en S y k h e

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