p r i m i n g

– Cuando tus respuestas no dependen de ti y sí del resto –

 

Nos encontramos rodeados de incontables estímulos sociales. Prácticamente toda esa información que recibimos de forma constante la procesamos a nivel inconsciente, por lo que es susceptible que influya en nuestro comportamiento. Es decir, para hacerte una idea, la mente consciente recibe 40 millones de bits cada segundo provenientes del ambiente, procesando alrededor de 40 bits cada segundo. Pero somos conscientes únicamente del 5% de la actividad cognitiva, el 95 % restante no es consciente.

En 1982, John A. Bargh (Universidad de Nueva York) y Paula Pietromonaco (Universidad de Michigan) intentaron entender si la información que recibimos de nuestro alrededor y de manera no consciente nos afecta de alguna manera a nuestra percepción social. ¿Qué ocurriría si exponen a diferentes personas a información que se encuentra por debajo de su umbral de conciencia? Estudiaron el ‘Efecto de Priming Subliminal’, que en psicología se relaciona con la memoria implícita. Nos explica cómo el hecho de que nos expongamos a determinados estímulos influirá en la respuesta que demos a estímulos presentados más tarde.

Para el estudio se utilizaron diferentes materiales:

  1. Estímulos de la tarea de vigilancia y ‘priming’.  A partir de 15 palabras hostiles extraídas de otra investigación (Srull y Wyer, 1979) y de 15 palabras sin significado hostil y frecuentes en la lengua inglesa que sirvieron como control, se elaboraron 3 listas de 100 palabras. En la primera se repetían las palabras hostiles hasta llegar a 80, en la segunda sólo había 20 palabras hostiles y se repetían las no hostiles hasta 80. Mientras que en la tercera lista, las 100 palabras era no hostiles.
  2. Descripión conductual. Consistía en un párrafo que narraba como una persona, Donald, manifestaba conductas algo hostiles.
  3. Prueba de reconocimiento. Compuesta por 60 ítems (15 palabras hostiles y 15 palabras control empleadas en la tarea de vigilancia  y priming, 15 palabras hostiles nuevas y 15 palabras control nuevas).
  4. Escala de Rasgos. Era un cuestionario compuesto por 12 ítems ( 6 hostilidad y 6 neutros). Los participantes  debían de puntuar, marcando sobre una escala de 10 puntos, en qué medida esos rasgos describían los comportamientos hostiles de Donald.

Distribuyeron a los participantes en diferentes habitaciones con monitor. Fueron asignados aleatoriamente a los 3 tipos de tareas diferentes: evaluar, probar o adivinar. En la tarea de ‘evaluar’ se les pidió que colaboraran en dos experimentos independientes.

  • En el primero habían de llevar a cabo una tarea de vigilancia donde se requería que pulsaran una tecla a la derecha o a la izquierda del teclado, dependiendo de donde apareciera un flash en el monitor. Lo que no sabían era que los 100 flashes que se presentaban eran palabras que se presentaban durante sólo 100 ms en cualquiera de las cuatro esquinas del monitor, seguidas de una secuencia de X durante otros 100 ms que servía para enmascarar  las palabras. Para un tercio de los participantes de la tarea ‘evaluar’ 80 de esos flashes correspondían a palabras hostiles y el resto a palabras control (condición 80%). Para otro tercio solo 20 de estos flashes se correspondían con palabras hostiles (condición 20%). Y para el último tercio ninguna de las palabras tenía ningún significado hostil (condición 0%).
  • En el segundo, se les pidió que leyeran el relato sobre Donald para que después evaluaran su comportamiento ambiguo en las escalas de 10 puntos.

En lo que refiere a la tarea de ‘probar’, la primera tarea fue la misma que en la tarea de ‘evaluar’ a diferencia de que no había la condición del 0%. Por otro lado, al finalizar, en lugar de presentarles la descripción conductual de Donald  y la escala de rasgos, se les comunicaba a los participantes que los flashes habían sido palabras y que su tarea era la de reconocer las palabras que podían haber visto en el monitor. Es por ello que se les entregaba la prueba de reconocimiento.

Para terminar, en la tarea de ‘adivinar’, se les expuso a los participantes únicamente a la condición de 80% de palabras hostiles pero no debían de pulsar ninguna tecla, debían de adivinar las palabras que se presentaban como flashes.

Extrapolando a la sociedad los resultados obtenidos, les permitieron afirmar que: los estímulos sociales a los que estamos expuestos día a día, incluso sin ser procesado de forma consciente, influirán considerablemente a nuestros juicios.

 

Sapere aude

Bargh, J. A. y Pietromonaco, P. (1982): Automatic information processing and social percepction: The influence of trait information presented outside of conscious awareness on impression formation. Journal of Personality and Social Psychology, 43, 437 – 449.

– se publicó primero en S y k h e

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