k o m o r e b i

– Por qué sueles preferir más aquello que has visto más veces –

 

Existen lugares tan grandes donde la luz se dobla hasta desaparecer; el cerebro es uno de ellos. Una puerta siempre abierta al mundo. Obstinada en sortear todo lo que sobra de todo lo que queda, para sólo así, acabar cayendo en su propio defecto. Es entonces cuando elegimos aquel incentivo que nos predispone para actuar de manera egocéntrica y materialista.

Puedes comprar cosas, puedes comprar experiencias, puedes comprar emociones, puedes comprar heridas, puedes comprar personas, puedes comprar su aprobación, puedes comprarte y puedes consumir todo aquello que te consume. ¿Por qué?. Porque en su día pagamos por la idea de que podemos comprarlo todo.  Así es, tu tiempo en forma de dinero; que insufla vida y ruido al exceso, al desecho y al engaño de un sistema basado en nuestra irracionalidad y nuestras emociones.

Tenemos una tendencia especial a decantarnos por todo aquello que nos resulta cautivador y atractivo. Ello se debe a que lo percibimos como favorable. De esta manera, también podríamos afirmar que hay objetos que no significarían nada para nosotros, al menos a priori. El estadounidense y psicólogo social Robert Zajonc,  se replanteó si la exposición simple y repetida de las personas a un objeto haría que cambiara nuestra actitud hacia este objeto, convirtiéndolo en mucho más favorable. Es decir:

¿el que veamos muchas veces algo o a alguien que previamente nos resultaba indiferente, es suficiente para que nos genere una actitud favorable hacia este objeto o persona?

¿Nos agrada más aquello que nos resulta familiar por el mero hecho de haberlo visto de manera repetida?

Para dar respuestas a estos interrogantes se llevó a cabo un estudio en el que participaron 72 estudiantes divididos en 6 grupos de 12 cada uno. Se les informó de que se trataba de un experimento para aprender una lengua extranjera, por lo que habrían de prestar especial atención a una serie de caracteres chinos que se les presentarían sólo durante 2 segundos. Cada grupo veía los mismos ideogramas aunque con diferente frecuencia; es decir, mientras uno de los grupos estaba viendo  los pictrogramas nº 1 y nº 2 una sola vez, los pictogramas nº 3 y nº 4 los veían dos veces, el 5º y 6º cinco veces, el 7º y 8 º diez veces, el 9º y el 10º veinticinco veces y el 11º y 12º ninguna vez. En el resto de los grupos participantes se contrabalanceaba el número de veces que veían cada pictograma. De esta manera todos los pictogramas pasaban por todas las frecuencias de exposición y cada grupo atendería a un total de 86 exposiciones. Seguidamente, se les pidió que intentarán adivinar qué pictogramas representaban una idea positiva y cuáles una negativa a través de 10 escalas que se les facilitaba tras la exposición.

¿Por qué pictogramas chinos?. Tuvieron en cuenta la influencia que podían tener tanto el efecto de pronunciar y oír las palabras estímulos, como su lectura subvocal. Por este motivo usaron pictogramas chinos poco frecuentes en la caligrafía china, asegurándose así que no tendrían ningún sentido para ninguno de los que participaron en el estudio.

Los resultados demostraron que: «la preferencia afectiva que podemos tener por algo mejora simplemente con la exposición continuada hacia él».  La simple observación de algo, alguien o de una situación de forma repetida, intensifica o bien cambia nuestra actitud inicial hacia este objeto, persona o situación.

Piénsalo. Ahora que el truco mató a la magia…una herramienta tan poderosa que tiene en cuenta la comunicación social, para manipular e influir socialmente. A su vez su uso en la publicidad, para condicionar el comportamiento del consumidor. Y como ingrediente fundamental a la hora de formarnos primeras impresiones. Creas o no en la magia, puede que haya algo peor que no saber el truco. Saberlo.

Sapere aude

Zajonc, R. B (1968): Attitudinal effects of mere exposure. Journal of Personality and Social Psychology. Monograph Supplement, 9 (2, Pt. 2), 1 – 27. (Experimento 2).

– Se escribió primero en S y k h e

 

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