t s u n d o k u

 – Psicología del Cuento y del lenguaje. Cambiar tu diálogo interno –

 

Cuentos que duermen a los niños y despiertan a los adultos.

Nuestro pensamiento y lenguaje ofrecen un mundo infinito para gritar y conectar con el mundo. Un proceso sensible que tiene su comienzo de afuera hacia adentro y de adentro hacia afuera. Se inicia con el diálogo interno, es decir, la forma de hablar que tenemos con nosotros mismos. Le sigue la manera con que retenemos nuestra visión del mundo: la narrativa personal; para finalmente, cómo nos relacionamos con los demás: la comunicación interpersonal.

Es posible que te preguntes qué es exactamente la ‘narrativa personal’. La narrativa personal es lo que explicamos y nos explicamos sobre nuestra vida. Párate a pensar en cómo contarías tu vida a alguien…bien?, si somos nosotros quienes creamos nuestro mundo es justo que también seamos nosotros los responsables de la lectura que hacemos. Un impulso. Latente. Somos narradores de cuentos.

Gran parte de nuestro desarrollo como persona única e irrepetible tiene que ver con la estabilidad en el tiempo de nuestro diálogo interno y narrativa personal. Es por ello que hay quien sostiene que todo esto es un fiel reflejo de la estructura fundamental de nuestra mente. Ya sea la capacidad que tenemos para expresarnos, o bien la manera en que narramos con fluidez una historia y conectamos los hechos, ambas determinarán nuestra posición en el mundo. Así que…es lo que parece. Te pongo un ejemplo. Si creas tu mundo interno a partir de un tono crítico y despectivo, es muy probable que las vivencias que tengas vayan a ser aversivas e inseguras. Lo chulo de esto es que también funciona al revés. Es por ello que las técnicas narrativas, la PNL o la terapia interpersonal pueden ayudarnos a generar nuevas maneras de comunicarnos con nosotros mismos.

El objetivo de la terapia narrativa es el de ofrecer a la persona el espacio para definir su propia vida según un modo narrativo adaptativo. Se puede aplicar en aquellas circunstancias que requieran de un proceso de cambio, facilitando a la persona que pueda deconstruir para posteriormente construir una nueva realidad. Entre las muchas herramientas narrativas que hay, quiero destacarte los cuentos. Éstos pueden llegar a adquirir el matiz de terapéuticos en cuanto a que la persona puede encontrar por sí mismo su propia solución. Lo harían a través de la contemplación de lo que parece implicar la historia respecto a él y sus conflictos interiores en ese momento de su vida. Los cuentos  facilitan la auto-revelación interior de la persona para su posterior revelación contra sus verdades, realidades y sentido de vida.

¿Cómo funcionan los cuentos?

Cada cuento conecta con un Mapa de cómo llegar a «Tesoros» que llamamos de múltiples formas: Satisfacción, Amor, Felicidad, Libertad, Fertilidad, Equilibrio, Maduración, Sabiduría, etc. Es una historia que sana aspectos interiores a través de representaciones que han sido plasmadas en forma de historia y personajes. Es por ello que, el cuento, es en sí mismo una representación del mundo inconsciente del autor, mundo inconsciente que también comparte el lector. Dándose lo que se llaman: Analogías Representacionales. Este palabro nos viene a indicar que todos estamos conectados por una mente colectiva; lo que me representa a mí también está en ti en mayor o menor medida. Todos albergamos un mundo interior de héroes, villanos, bufones, reyes, niños y magos. Es decir, los símbolos y arquetipos son universales.

El cuento sirve de puente para conectar con el niño interior, estableciendo una invitación a expandir nuestra imaginación más allá de los límites que nuestra razón impone, para después regresar al lugar del que partimos con un estado de conciencia elevado.

Para tí.


El Vaso de Agua

En una sesión grupal, la psicóloga en un momento dado levantó un vaso de agua. Cuando todos esperaban oír la pregunta: «¿Está el vaso medio lleno o medio vacío?», ella en lugar de ésto preguntó:

– ¿Cuánto pesa este vaso?

Las respuestas de los componentes del grupo variaron entre 200 y 250 gramos. Pero la psicóloga respondió:

– El peso absoluto no es importante, sino el percibido, porque dependerá de cuánto tiempo sostengo el vaso: Si lo sostengo durante 1 minuto, no es problema. Si lo sostengo 1 hora, me dolerá el brazo. Si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará.

El vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado y más difícil de soportar se vuelve. Después continuó diciendo:

– Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas en ellas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado e incapaz de hacer nada.

¡Acuérdate de soltar el vaso!


Carlos Castaneda (1994) explicaba como el ‘diálogo interno’ se podía interrumpir a través de un acto voluntario: «eres como te llamas que eres, pero podrías cambiarte si empezaras a hablarte diferente». Teniendo en cuenta lo que nos quiere decir me gustaría proponerte los que serían los primeros pasos para cambiar tu diálogo interno.

  1. Conoce tu diálogo interno. Para cambiarlo es necesario conocer su contenido, aquellos pensamientos que normalmente te dedicas. Presta atención tanto a la forma como al contenido de tu diálogo interno. (Qué es lo que te dices y cómo te lo dices). Piensa si este es un diálogo destructivo o constructivo, positivo o negativo, etc.
  2. Formula las preguntas correctas. Analiza las situaciones que se dan cambiando las preguntas que te haces a tí mismo. Por ejemplo: en vez de preguntarte «¿por qué me ha pasado esto a mí?» puedes preguntarte «¿qué puedo aprender de esta situación?, ¿cómo puedo utilizar esto para tener una mejor vida?, ¿en qué puedo mejorar yo?».
  3. Cambia el enfoque. Es decir, la manera en que sueles hablarte. Puede serte de utilidad por ejemplo, empezar a hablarte como habla una madre cariñosa a su hijo. Piensa en las palabras y en el vocabulario que utilizarás. Considera que éste además de ser descriptivo, también ha de ser generativo y constructivo. Es decir, aquellas palabras que indiquen desprecio, sean humillantes, etc, deberían de desaparecer a cambio de las palabras más amables y positivas.

Sapere aude

 

Castaneda, C. (1994). El fuego interno. Madrid: Gaia

García Martínez, J. (2002). Técnicas narrativas en psicoterapia. Madrid: Síntesis.

Ortin, B. y Ballester, T. (2013). Cuentos que curan. Conocernos mejor con el poder terapéutico de los cuentos. Madrid: Océano Ámbar. 

White, M. y Epston, D (1993). Medios narrativos para fines terapéuticos. Barcelona: Paidós

White, M. (2002). El enfoque narrativo en la experiencia de los terapeutas. Barcelona: Gedisa

 

– Se escribió primero en S y k h e 

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