m a n g a t a

 – Disforia Postcoital. Sobre la culpa, la incertidumbre y el vacío –

 

Las pupilas se dilatan, las arterias se estrechan, la temperatura central y la presión se elevan; el corazón late más rápido, la respiración se torna rápida y superficial a la que el cerebro lanza explosiones de impulsos eléctricos sin rumbo; las glándulas segregan fluidos sin control mientras los músculos se tensan y contraen como si levantaran el triple de tu peso. Puede ser violento, desagradable, sucio. Puede ser tu.

Que seamos un grupo de moléculas bien organizadas nos da algo más que dignidad, algo así como cuando el dolor se convierte en poesía. Pero no serán únicamente palabras a medida, a través de su expresión artística de la belleza, lo que nos haga a día de hoy ir por delante de la extinción. La poesía ni salva ni responde, solo nos persuade. Así que guarda tus pastillas rojas porque en tu condición están las respuestas. Estamos aquí para que nunca deje de haber alguien, y esa inercia, es la que siempre nos acompañará en nuestro intento por saltar la barrera del miedo a desaparecer.

Es un regalo necesario pero como estrategia evolutiva, el sexo, es bastante mejorable. Piensa en la cantidad de energía que nuestro cuerpo ha de invertir en ello, las probabilidades de que haya una enfermedad de transmisión sexual, malformación genética, aborto, etc. Objetivamente, sería mucho más aséptico y limpio reproducirse asexualmente, por clonación. Aunque ello implicaría que tendríamos una diversidad genética tan pequeña que prácticamente cualquier virus podría acabar con nosotros y con todos los que fueran como nosotros. Puede ser que el sexo naciera para hacer mucho más fácil eso de mezclar genes de muchas personas y así obtener una gran diversidad genética. Y qué mejor manera de convencernos que a través de un clímax traducido en una sensación de liberación repentina y placentera de la tensión acumulada. No suena mal, ¿verdad?. Mente, cuerpo y alma convergen en un mismo lenguaje, pero tú no lo entenderás, sólo lo escucharás.

Muchas personas sufren alguna vez de una emocionalidad extrema conocida como «disforia o tristeza post-coital». La «depresión post sexual» no es una depresión como tal; más bien es un breve y poco profundo estado de ánimo bajo que se produciría justamente después de haber tenido una relación sexual. El «dejar ir» del orgasmo arrastra también al «dejar ir» de las emociones, que para muchos significa llorar e incluso sentimientos de vació y culpabilidad. En la Universidad de Queensland, a través del estudio que titularon ‘Blue sex’, concluyeron que la sitomatología que se sufría al padecer este tipo de trastorno se veía influido por causas psicológicas, sociológicas y fisiológicas. Descartaron que correspondiera únicamente a todos aquellos que hubieran podido sufrido algún tipo de trauma, aunque sí existiría una predisposición genética.Tenemos muchas formas de leerlo, ponte las gafas que quieras.

Desde la biología, esta tristeza, irritabilidad o sensación de vacío postcoito, es un reflejo de que algunas sustancias como la oxitocina o las endorfinas, que se incrementan notablemente durante el proceso, descenderían. A su vez, esa gran fábrica de emociones como el miedo o la ansiedad, que es la amígdala cerebral, se relajaría y terminaría por bajar los brazos. Teniendo esto en cuenta, no hace mucho, en 2009, el psiquiatra estadounidense Richard Friedman quiso demostrar que esta disforia postcoital era, en algunos casos, producto de un efecto rebote en la amígdala. Durante el sexo, la amígdala “amortigua” estos sentimientos, por lo que la melancolía poscoital podría explicarse como el efecto de que la amígdala recupere los niveles normales de funcionamiento.

Administraron a varios sujetos de prueba un fármaco usado en el tratamiento de la depresión, espero que no te suenen: Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Una de sus particularidades es que aunque sus efectos antidepresivos no se manifiestan hasta pasado un tiempo con el tratamiento, los efectos físicos aparecen casi al instante. Uno de éstos es la disminución del placer sexual, que tal como habían previsto, a su vez está ligada a un leve descenso del sentimiento de tristeza que seguía al acto sexual.

La psicología prefieren hablar de dos cuerpos que se separan. Una crisis existencial que generaría sentimientos de incertidumbre, vacío o culpa. Hacen hincapié en que personalidades con rasgos más depresivos y ansiosos tendrían mayor número de papeletas para sufrir este síndrome. Quizás conozcas alguna…; personas con una gran sensibilidad frente a la vida en general y el amor de pareja en particular, que experimentan con incertidumbre y angustia el porvenir. Estos perfiles tienden a idealizar el vinculo erótico además de proyectar grandes expectativas a las relaciones, soliendo experimentar una sensación de «faltó algo» en sus relaciones sexuales.

En términos filosóficos podríamos decir que nos daríamos cuenta del ‘aislamiento existencial’ que sufrimos y conectaríamos con una de las bases de la vida: la pérdida. Así que puedes colorear y dibujar tu historia como más te guste, pero es la ‘pérdida’ lo que marca tu t e m p o en la vida, un patrón que mantiene tu pulso constante. Vivir y morir, decir hola y adiós, nacer y desaparecer, tu bienestar depende en gran medida de la capacidad que tengas para gestionar estas transiciones.

Una vez cerrado el prospecto, ¿está claro no?. Ante tal diagnosis no hay prescripción más económica. Solo te salvará el sexo de peor calidad.

 

Sapere aude

 

http://www.smoa.jsexmed.org/article/S2050-1161(16)30002-2/pdf

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