g l a s w e n

 – Psicología de la analgesia. Dibuja el boceto de tu sonrisa –

 

En nuestra ansia por perseverar en un mundo fragmentado, solemos entender la nostalgia como un idilio romántico. Conectamos con un sentimiento de pérdida que se fundamenta en la ridícula esperanza de reinventarnos, solo y únicamente, a través del sprint de una huida  hacia delante. Ahora sí, coge tu premio. Si es el que querías, te acompañaran esos pequeños músculos llamados cigomático mayor y menor que están cerca de tu boca para elevar la comisura de tus labios; mientras, cerca de tus ojos, tu músculo orbicular se contraerá y elevará tus mejillas, para así, ir forjando, el signo y síntoma del paso de tiempo…y de los buenos momentos: las líneas de expresión periorbitales. Tus «patitas de gallo».

Guillaume Duchenne sugirió que reírnos de esta manera indicaba que la emoción que estaríamos experimentando sería «espontánea y genuina» debido a que normalmente no podemos controlar a voluntad el músculo orbicular. Así que sonríe, hasta que duela. Que seas feliz nos aporta a todos. La felicidad hará que seas mucho más sociable y altruista, te veras más guapo/a, sentirás menos gilipollas a tu alrededor, te relacionarás mejor con tus problemas e incluso harás algo más fuerte a tu sistema inmunitario. Suma sus efectos y el resultado esta claro, tu vida en su versión «más y mejor». Así que la respuesta te interesa:

¿Cuál es la forma más eficaz de dibujarte una sonrisa en la cara?

Está claro ¿no?, casi por unanimidad gana: el dinero. En los años 70, la Universidad de Northwestern quiso saber que efecto tendría en la felicidad de una persona el experimentar que ha ganado una fortuna. Es decir, estudiaron la relación entre la felicidad y el dinero. Para ello se pusieron en contacto con algunas personas que habían ganado la lotería estatal de Illinois. Por otro lado eligieron al azar a diferentes personas a través de la guía telefónica. A todos les pidieron que puntuaran lo felices que esperaban ser en un futuro y cuánto disfrutaban de los placeres cotidianos de la vida (amigos, familia, recibir cumplidos, etc). Los resultados mostraron que en contra de lo que podías estar pensando, aquellos que habían ganado la lotería y eran muchos más ricos, no eran especialmente más o menos felices que los que no habían ganado nada.

Existe una relación causa – efecto entre el dinero y la felicidad, aunque no permanente. Nos acostumbramos asombrosamente rápido de todo lo que tenemos, lo que hace que regresemos a nuestros niveles de alegría anteriores. Entonces, ¿de verdad podría comprar mi felicidad? Si eres tú quien le pone el precio adecuado, es muy probable que sí. Aunque la clave no está ahí, vemos la felicidad como meta y no como camino. Pero no te preocupes, no es tu culpa, al menos no en un 50%, que es el porcentaje que determina genéticamente nuestra sensación de felicidad. ¿Qué hay del otro 50? El 10% se lo dejaremos a tus circunstancias y contexto más inmediato, por ejemplo tu estado civil, nivel de ingresos, nivel educativo, entorno donde vives, relaciones con tus compañeros, etc. Nos queda el 40% restante que es sobre lo que te vas a centrar, por la sencilla razón de que tiene que ver con tu comportamiento diario y sobre lo que te dices de ti mismo y sobre los demás. Algo que puedes controlar, decidir y cambiar. Tu felicidad en tu mano…y en tu lenguaje. Literalmente. Sólo necesitarás un lápiz, un cuaderno bonito y un par de toques de amabilidad y gratitud.

Es muy probable ya hayas comprobado que, tanto reprimir los pensamientos negativos como compartirlos con la persona inadecuada no es una buena idea. Intuitivo, sí, pero no suele compensar.

¿Qué sueles hacer para aliviarte de ese malestar o dolor que viene de tan atrás; ese que convierte tu presente en pasado?

Te propongo la «Escritura Expresiva». Orejas arriba.

Dedicarle unos minutos al día a escribir en forma de diario acerca de tus pensamientos y sentimientos es algo que, te aseguro, te sorprenderá si no lo has hecho antes. Hay mucha literatura al respecto, tanta como investigaciones al respecto. Como siempre, en la bibliografía tienes su reseña por si te llama el saber. Algunos estudios se centraron en personas que acababan de perder su trabajo y se les pidió que reflexionaran sobre sus pensamientos y emociones en relación a ello. Comprobaron que experimentaron una importante mejoría en relación a su bienestar psicológico e incluso físico. Aumentado su autoestima y felicidad.

Hablar y escribir son dos cosas muy diferentes en términos psicológicos. Por lo que sus efectos a nivel terapéutico también. Cuando hablamos y contamos, por ejemplo, una experiencia traumática o un hecho de gran carga emocional, muchas veces los hacemos de una manera poco estructurada. Es decir, la información se encuentra desorganizada y adulterada. Escribir focaliza nuestra atención en la elaboración de un argumento, dotándole de una estructura y sentido, por lo que nos facilita enormemente concluir una solución.

Hasta aquí ya deberías saber varias cosas: de qué depende que una sonrisa sea más verdadera que otra, que el tipo de felicidad que puedes comprar es siempre caduca, cómo el abrir nuestro interior a través de la escritura te reportará mucho más que si simplemente le gritas al mundo y la joya de la corona: tu felicidad depende, si es que así lo decides, únicamente de ti, que para eso es tuya.

Existe un elemento clave que palpita dentro de tu concepto de «felicidad», sea éste cual sea. Imagina que entras en tu cocina y detectas rápidamente el olor a bizcocho recién hecho. Es muy probable que si te quedaras un rato el olor terminaría por «desaparecer». Realmente el olor sigue ahí, pero se da lo que se llama un «proceso de habituación». Éste es un proceso por el cual ante un estímulo repetido (el olor a bizcocho) la respuesta va siendo cada vez menos intensa. El proceso contrario es el de «sensibilización», donde se daría un aumento de nuestra respuesta ante un estímulo nuevo. Fue lo que sucedió cuando entraste en la cocina. Si quisieras recuperar el olor, salir de la cocina y regresar es tu mejor opción.

Esto mismo puede aplicarse a la felicidad. ¿Que pasaría con los niveles de felicidad al «salir de esa cocina» que tanto «huele a bizcocho» y volver a entrar? Es decir, el efecto de recordarle a alguien las cosas buenas que hay en su vida. Los psicólogos Emmons y McCullough (Universidades de Miami y California) trabajaron sobre esto mismo. Para ello hicieron tres grupos con los participantes del estudio y les pidieron que invirtieran unos minutos de su semana en escribir. Cada grupo escribiría sobre algo diferente. El primero habría de escribir 5 cosas por las que se sentían agradecidos, el segundo 5 cosas que les molestaban y el tercero 5 cosas cotidianas que habían ocurrido la semana pasada. Curiosamente, el grupo que hizo un ejercicio de gratitud, mostraron índices de felicidad y optimismo en relación a su futuro mucho mayores que el de los grupos que tuvieron que expresar «enfado» o simples «sucesos neutros» de su semana.

Como puedes ver, la escritura y la gratitud son dos poderosas herramientas para conectar con tu felicidad y entrar dentro de ti mismo. Allí, debería de estar tu «Yo» más perfecto, es decir, la idea que tienes de tu «Yo» ideal. Imaginarte tu versión 2.0 formando parte de un futuro a la carta, pero realista, puede ayudarte a sonreír. La Southern Methodist University llevó a cabo un pequeño estudio al respecto. Trabajaron con tres grupos de voluntarios. Al primero les pidieron que pasaran unos minutos durante 4 días describiendo cuál era su futuro ideal. Intentando ser todo lo realistas posibles imaginaron todo lo bien que podían irles las cosas y cómo habían alcanzado sus objetivos. Por otro lado, el segundo grupo se centró en imaginar sucesos traumáticos pasados, mientras que el tercero, únicamente escribió sobre su día a día. Aquellos que estuvieron describiendo su futuro ideal obtuvieron un indice de felicidad mucho mayor que el del resto.

Escribir, como un acto de querer y de quererse es una idea que podría resumirse en lo que muchos han llamado «Escritura Afectiva». Elaborar tu redacción proyectando tu vínculo emocional hacia aquellas personas que ocupan un lugar especial en tu vida. En la Arizona State University se replantearon de qué manera pensar sobre alguien importante para nosotros y escribir sobre las razones de por qué lo era podía influir sobre nuestro bienestar, tanto psicológico como fisiológico. Para ello simplemente pidieron a un grupo de personas que pensaran sobre alguien importante para ellos y pasaran 20 minutos de su día escribiendo por qué lo era. En cambio, otro grupo solo escribió sobre cualquier cosa que les hubiera sucedido las semanas anteriores. Todos llevaron a cabo esta dinámica 3 veces durante 5 semanas. Concluyeron que aquellos que habían llevado a cabo una escritura afectiva, habían obtenido unos niveles de felicidad mayores a la vez que había disminuido tanto sus niveles de estrés como de colesterol.


Para todo hay una primera vez, si en cuanto a la escritura es tu caso, te propongo un diario donde podrás trabajar cada una de las ideas que acabas de leer. Un diario de 5 días a la semana donde solo debería de llevarte unos pocos minutos. Pruébalo una semana, solo una. ¿Algo que perder?…¿tu tiempo?, ¿sabes?, es posible que no haya mejor inversión que aquella que recae sobre nosotros mismos, y cuyo propósito es el de reconocerte como responsable de tu bienestar. Trabajar tu felicidad y estado ánimo más allá del marketing de los libros de autoayuda o métodos sin base científica. Desde un sentido común amparado por otros tantos que en su día se hicieron las preguntas adecuadas a través de la observación y la experimentación.

  • Lunes. Dar Gracias. Existen mil cosas en tu vida por las que dar las gracias. Tu familia, tus amigos, tu pareja, la salud, recursos, tu capacidad para cambiar las cosas, recuerdos maravillosos, experiencias, un café, tu plato favorito, el olor a la lluvia…Piensa en tu última semana y escribe tres cosas por las que dar las gracias.
  • Martes. Me lo pasé Genial. Conecta con aquella experiencia fascinante que viviste. Imagínate en ese momento y piensa cómo te sentías y en tu alrededor. Concédete un momento para escribir sobre ella, describir cómo fue y cómo te sentías. 
  • Miércoles. Un Futuro Ideal. Escribe sobre tu vida en el futuro. Un futuro donde siendo realistas, todo ha ido lo mejor que podía haber ido. Has alcanzado tus metas y has llegado a ser quien quieres ser.
  • Jueves. Querido…Cierra los ojos y piensa con el corazón. Evoca dentro de ti a ese alguien especial de tu vida (familiar, pareja, amigo…). Como si solo tuvieras una única oportunidad para decirle lo importante que es para ti, escríbele una carta en donde brevemente describas cuánto te importa y como a influido en tu vida.
  • Viernes. Revive. Lleva tu mente a tu última semana y escribe sobre 3 cosas que te hayan ido realmente bien, desde encontrar los yogures que querías en el supermercado hasta el haber conseguido un mejor trabajo.

Repítelo siempre que lo necesites para volver a beneficiarte de sus efectos.

…you are welcome.

 

Sapere aude

P. Brickman, D. Coates y R. Janoff-Bulman, «Lottery Winners and Accident Victims: Is Happiness Relative?», Journal of Personality and Social Psychology, nº 36, 1978, páginas 917 – 927.

S. Lyubomirsky, K. M. Sheldon y D. Schkade, «Pursuing Happiness: The Architecture of Sustainable Change», Review of General Psychology, nº 9, 2005, páginas 111 – 131.

S. Spera, E. Buhrfeind y J. W. Pennebaker, «Expressive Writing and Coping with Job Loss», Academy of Management Journal, nº 3, 1994, páginas 722 – 733.

R. A. Emmons y M. E. McCullough, «Counting Blessings Versus Burdens: An Experimental Investigation of Gratitude and Subjective Well-Being in Daily Life», Journal of Personality and Social Psychology, nº 84, 2003, páginas 377 – 389.

L. A. King, «The Health Benefits of Writing About Life Goals», Personality and Social Psychology Bulletin, nº 27, 2001, páginas 798 – 807.

K. Floyd, A. C. Mikkelson, C. Hesse y P.M. Pauley, «Affectionate Writing Reduces Total Cholesterol: Two Randomized, Controlled Trials», Human Communication Research, nº 33, 2007, páginas 119 – 142.

R. Wiseman, «59 Seconds: Think a little, change a lot«.

M. E. P. Seligman, T. Steen, N. Park y C. Peterson, «Positive Psychology Progress: Empirical Validation of Interventions», American Psychologist, nº 60, 2005, páginas 410 – 421.

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