s h l i m a z e l

 – Psicología del Azar. Herramientas para atraer la buena suerte –

 

La mejor cura para la realidad es inyectarse algo de fantasía. Porque existen otros mundos, pero están en este.  Y en cada uno de ellos, el resultado ‘positivo’ de cualquier suceso, tan alentador como poco probable. Para muchos ahí reside la diferencia que nos sitúa a un lado u otro de la querencia de la estadística.

Solemos valorar nuestra suerte pensando, por un lado, que somos responsables de las cosas buenas que nos pasan pero no de las malas y por otro, que la madre suerte tiende a echar un par de manos a quienes están en el lugar y momento adecuados. Estos dos errores fundamentales, lejos de acercarte al bolígrafo y papel de tu guión vital, convierte en quimera esa versión de la historia que dice que todo depende de tener la mentalidad adecuada: prestar atención a las oportunidades que se nos presentan y exprimirlas.

Existen tres variables que ayudan a entender por qué las cosas buenas siempre les ocurren a las mismas personas:

  1. Aquellas personas con suerte suelen guiarse por el pálpito de su corazón a diferencia de los que sospechan de su intuición para más tarde arrepentirse de la decisión que tomaron. Te hablo de la Inteligencia Intuitiva, que viene a decirnos que somos capaces de darle un sentido a determinadas situaciones en relación a breves experiencias que tuvimos en el pasado. Algo así como determinar lo que consideras importante en muy poquito tiempo. “Thin-slicing”, no suena mal ¿verdad?. Pues viene de serie.
  2. Perseverar ante el fracaso es otra de las cualidades que muy probablemente puedas ver en todas esas personas tocados por mamá azar. Esos que se atragantan a la par que escupen frases sacadas de libros de autoayuda y que hacen del optimismo su dogma de fe, «las cosas buenas siempre están por llegar».
  3. Tu capacidad para convertir la «mala» suerte en «buena» suerte es otra de las variables que te determina o no como polo opuesto de tu propia suerte. Ante los cambios en nuestra vida, ya sea por imposición o propia elección, aquellos que tildamos de «afortunados» suelen afrontar dicho cambio como algo deseado y positivo. Llamaremos a esto algo así como «Mentalidad de Inversión», es decir, imaginar en ese momento que las cosas podían haber sido muchísimo peor pero que felizmente no ha sido así.

Como ves una vez más, abrir el cajón y escoger las gafas de ver adecuadas sigue siendo algo que hará de tu sonrisa una verdadera sonrisa de Duchenne. Los psicólogos de la Universidad de Cornell estudiaron a los atletas que participaron en los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona. Aquellos que ganaron la medalla de bronce eran más felices que los atletas que ganaron la de plata. Observaron cómo los medallistas de plata se sentían mucho más frustrados ya que pensaban en lo cerca que estuvieron de ganar la de oro. Es decir, su mente no contextualizó su gloria en el triunfo sobre otro deportista olímpico, sino en su derrota en la final.

Ahora, ponte delante de tu espejo «conductual» y con sinceridad pon una «x» donde te sientas identificado:

□ Soy experto en crear y notar oportunidades casuales.

□ Tomo decisiones afortunadas al escuchar mi intuición.

□ Creo profecías autocumplidas mediante expectativas positivas.

□ Adopto una actitud flexible que transforma la mala suerte en buena suerte.

Estaremos de acuerdo en que es hora de ponerse a trabajar en ello…

Acabas de leer las 4 patas que sostienen la buena suerte de todas esas personas que alguna vez te evocaron el pensamiento de considerarte como alguien con menos fortuna al compararte con ellas.

Aun no siendo un fan acérrimo de ninguna idea o verdad absoluta, me duelen los dedos de escribir una y otra vez y de diferentes maneras la creencia y convicción de que siempre tenemos la opción de elegir. Y que de ese gran regalo solo tú eres el responsable de que así sea. Dentro de la psicología hablamos de dos tipos de afrontamiento, el orientado al «problema» y el orientado a la emoción, tu emoción. Así que, si eliges el tercero, no será mala suerte.

Hay ciertos rasgos de nuestra personalidad y tendencias de pensamiento que nos ayudarían a retratarnos como poseedores o no de la fortuna. Por ejemplo, aquellos que se jactan de no tener mucha suerte muy probablemente no suelan seguir demasiado su intuición. La falta de confianza en uno mismo, aunque no seamos conscientes de ello, nos hace pensar que nuestra intuición nos llevará por una mala decisión. Cuántos exámenes de verdadero y falso suspendimos por la mínima por haber cambiado esa última pregunta. En cambio, para las personas «afortunadas» o con mil flores en el culo, esa misma sensación la experimentan como una «corazonada»

Piensa ahora en el riesgo que sueles permitirte a la hora de tomar tus decisiones. Aquellos que se denominan a sí mismos como proveedores oficiales de la mala suerte tienden a crear rutinas fijas con las que se sienten seguros debido a la absoluta «predictibilidad» de sus secuencias. Tienden a hacer las mismas cosas y hablar con las mismas personas. No introducen variedad ni diversificación en sus vidas. Nunca salen de esa zona de confort, y por tanto, aun no teniendo «mala suerte» es muy difícil que les encuentre la «buena».

Elegir mirar el lado positivo de las situaciones negativas te acercará a tu fortuna, es por ello que la suerte es una cuestión mental y por ello, de hábitos. Existe mucho azar en nuestro día a día, a veces llamamos suerte a una buena  planificación, y mala suerte no tener ningún plan u objetivo. Calificamos de suerte a las horas que alguien le dedica a aprender una habilidad o bien tildamos de suerte al resultado del sacrificio y esfuerzo continuado tras días o años.

Ten claro que SÍ puedes cambiar tu suerte, o al menos condicionarla enormemente a tu favor. La suerte no es algo paranormal más allá del alcance de nadie. Es un hecho que creamos con nuestros pensamientos y actitudes ante la vida. Ahora orejas arriba, bébete las palabras y sobre todo, haz algo con ellas.

Multiplica las casualidades

Actúa sobre las oportunidades que encuentres. Si haces lo mismo, obtendrás los mimos resultados. Sal. Ve a por ello. Identifica y crea ese escenario que te multiplica por 1000,a ti, tus recursos y tus opciones. Comienza y persevera con tus proyectos y apóyate en la perseveración. Insiste, repite, aprende y aprehende. Pasar más tiempo con los demás te acercará muy probablemente posibilidades más interesantes. El recurso humano es el que acaba por marcar la diferencia, el tuyo y el de los demás.

Vence a tu ansiedad, no caigas en la trampa de aprender a convivir con ella. Las personas ansiosas tienen menos probabilidades de darse cuenta y aprovechar las oportunidades. Sal de tu zona de confort y ábrete a nuevas experiencias. Aquello que quieres está al otro lado.

Escúchate. 

Actúa según tus intuiciones y corazonadas. Detrás no está la magia sino experiencias y aprendizaje, un patrón que de alguna manera el cuerpo y el cerebro ya detectaron pero tú no has sido consciente. ¿Puedo equivocarme? Por supuesto, pero habrá sido desde la fe en ti mismo y que mejor oportunidad para…

…Reencuadra

Si tienes suerte, no siempre tendrás suerte.. porque de ahí venimos todos, de un aprendizaje desde el ensayo y el error. Maneja la adversidad de manera distinta y ve el lado positivo de la situación. Reencuadra las dificultades y defínelas en términos más flexibles, menos absolutos y desde la capacidad y la oportunidad.

Espera lo mejor

Tendrás mayor probabilidad de aventurarte a cosas nuevas, tomar las oportunidades y alcanzar tus objetivos si manda el pensamiento de que «saldrá bien». Te ayudará a perseverar y a no desistir. Abandonar la tendencia de ver la vida desde la precisión, el control y la «ilusión de control» para empujarte hacia delante desde tus propias profecías autocumplidas. Aumentar tu confianza termina acercándote a aquellas «casualidades» que antes le ocurrían a otros. Hay quien afirma que confiar en tus capacidades de forma no realista puede ser perjudicial, pero también es cierto que apoyarte en un sesgo positivo es un valor añadido a tener en cuenta. Como siempre, la elección es tuya.

No necesitas suerte, necesitas «moverte».

Sapere aude

When less is more: Counterfactual thinking and satisfaction among Olympic medalists.
Medvec, Victoria Husted; Madey, Scott F.; Gilovich, Thomas
Journal of Personality and Social Psychology, Vol 69(4), Oct 1995, 603-610.
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